miércoles, 29 de agosto de 2012

"Tita de Buenos Aires...


“Te pintaron las cejas con dos pinceladas de asfalto caliente, y quedo Buenos Aires dibujada en tu frente”. Quizás este pequeño extracto de aquella conocida canción compuesta por Cacho Castaña para Tita Merello nos permita tener un acercamiento a esta gran figura, que con su labor enalteció nuestra música ciudadana y nuestro cine.

Tita fue una grande, de eso no hay dudas, y a pesar de los años transcurridos, su imagen icónica sigue recorriendo el mundo para difundir el esplendor de nuestro cine nacional y llevar a los oídos de todo el planeta nuestro tango, de una manera atrevida y peculiar, como era ella.

Fue un 11 de octubre de 1904 cuando llegó a este mundo una pequeña bautizada como Laura Ana Merelli, nacida en un conventillo del tradicional barrio porteño de San Telmo. Su padre, Santiago Merelli, que se desenvolvía como cochero de mateos, anotó legalmente a su hija ese mismo día, pero en la partida de nacimiento no existía el nombre de su madre, ya que se trataba de una uruguaya menor de edad, Ana Ganelli, que años después reconoció a su hija.

Pero no pasó mucho tiempo para que la tragedia llegara a su vida, ya que la pequeña Ana Laura quedó huérfana de padre, luego de que éste muriera de tuberculosis cuatro meses después del nacimiento de su hija. Con el paso de los años, cuando la niña cumplió los cinco años, fue trasladada a un asilo del barrio de Villa Devoto, donde debió vivir parte de su infancia y donde conoció el hambre y el miedo, que irían forjando una personalidad avasallante.

En alguna oportunidad, Tita recordó de aquellos años: “No recuerdo si tuve una infancia precoz. Lo que sé es que fue muy breve. La infancia del pobre siempre es más corta que la del rico. Era una niña pobre, triste y, además, fea. Presentía que iba a seguir siéndolo siempre. Después descubrí que no hacía falta ser bonita. Basta con parecerlo”.

Poco después fue contratada como sirvienta por una familia acaudalada de Uruguay, hasta que el destino le permitió rencontrarse con su madre. La tragedia volvía a su vida, ya que apenas se mudó con ella, la madre de Ana Laura se enfermó de tuberculosis y murió al poco tiempo. Allí comenzó nuevamente el itinerario de Tita, que deambulaba de casa de familiares a casa de amigos y viceversa.
Fue a principio de la década del veinte que conoció a Eduardo Borrás, quien se preocupó por el futuro de la joven y le enseño a leer y a escribir, ya que jamás había podido concurrir a la escuela. Mientras tanto iba surgiendo con fuerza desde su interior sus grandes vocaciones, las cuales no fueron formadas en institutos especiales, ya que en definitiva todo lo que aprendió Tita en su vida, lo aprendió de la calle, a fuerza de talento y voluntad.
Quizás por ello los inicios de su carrera fueron duros, comenzando a trabajar como corista en el Teatro Avenida, a la par de se dedicaba a trazar sus primeros pasos como cancionista de tango en las cafeterías de la Avenida de Mayo. Con el tiempo obtuvo su primer papel protagónico, dentro de la obra El Lazo, que le permitió inmediatamente ingresar en el circuito de las grandes estrellas, y trabajar en teatros como El Nacional, el Maipo y otros, junto a figuras de la talla de Elías Alippi y Sofía Bozán.
El cine, que posteriormente la consagró como una de las más importantes actrices dramáticas de su época, se inició con un pequeño papel realizado en el filme “Tango”, de 1933, hoy considerada la primera película sonora argentina. Aquello también le permitió ir forjando su faceta de cancionista, que años más tarde la convertirían en una de las más grandes exponentes del tango, con registros exitosos como “Tata llevame p'al centro”, “Que vachaché”, “Se dice de mí”, “Che Bartolo”, “Donde hay un mango”, entre una larga lista de interpretaciones que le permitieron explorar el tango canción desde un punto de vista gracioso y a la vez profundo.
Pero si bien desde el punto de vista profesional, Tita alcanzó sus sueños y supo ganarse el cariño de la gente, que aún hoy recuerda sus entrañables personajes, como aquella luchadora que fue Filomena Marturano, lo cierto es que su vida personal siempre estuvo plagada de dolor.
Transcurrió si vida vinculándose sentimentalmente a reconocidos actores nacionales, pero como ella misma siempre lo afirmó, sólo tuvo un gran amor: Luis Sandrini. La relación con el gran amor de su vida culminó abruptamente, cuando el actor conoció a Malvina Pastorino, con quien decidió casarse y formar una familia. Este episodio golpeó duramente a Tita, quien poco después compondría el tango “Llamarada pasional”, dedicado a Sandrini. Incluso, después de transcurridas décadas enteras, Tita aseguraba: "Yo fui una mujer de muchas pasiones y de un solo amor. Del amor que llevo a todos lados: en mi cartera tengo una foto de Luis".
En la mañana del 24 de diciembre de 2002, Tita que se encontraba desde hacía meses internada en la Fundación Favaloro, despertó y dijo: “Me está llegando la hora”. Poco después, cuando el reloj dio las 12.40 nos dejó para siempre este “cacho de Buenos Aires”, como ella misma se definía. Había cumplido 98 años de edad, y en casi un siglo de existencia nos dejó un enorme y hermoso legado.
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